Vara de Rey. Viviendas sociales en El Rastro

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Project's details
Tipología: 
Presupuesto: 
1.783.921,70€
Unitary budget: 
766,59€/m²
Fecha: 
2005
Project's date: 
04/2006
Fecha final: 
01/04/2010
Datos de los agentes
Quantity Surveyor: 
Constructora: 
Collaborators: 
Collaborators: 
Collaborators: 
Collaborators: 

Memoria justificativa

El proyecto demandaba construir 22 viviendas de alquiler para jóvenes de promoción pública en el corazón de El Rastro madrileño, un mercado al aire libre  que se viene organizando desde 1740 en el popular barrio de La Latina. La plaza del General Vara de Rey es una de las más representativas. Abundaban las corralas, un tipo edificatorio característico ahora protegido, establecido alrededor de un gran patio central, con accesos a las viviendas por corredores. Algunos cuentan con pasajes interiores que se ocupan los días de mercado por tiendas y puestos de venta.

Sin embargo, la manzana donde se ubica la parcela ha perdido las corralas existentes en el pasado. Los patios de vecindad, lugares de intensa relación e intercambio social, han sido sustituidos por estrictos patios de luces, funcionales pero desvitalizados. Algo parecido ha ocurrido con las fachadas: los balcones tradicionales que las “ensanchaban” con unos espacios a medias entre el interior y el exterior se han reemplazado por simples ventanas. La superación de este empobrecimiento espacial y funcional de la edificación ha sido el objetivo del proyecto.

La elección del sistema, y la recuperación del área común interior como elemento organizador, fue una de las decisiones iniciales, rechazando el tipo convencional actual de bloque con portal y pequeños patios de luces. La singular ubicación en la plaza sugirió la oportunidad de abrir el patio a la plaza a través de una gran embocadura, tal y como ocurre en algunos edificios antiguos del barrio.

El patio central fue concebido como un ámbito intermedio entre lo estrictamente privado y el espacio público. Un lugar para relacionarse y que, con un carácter más doméstico, aportara a las viviendas —pequeñas por exigencia de la normativa— de extensiones que favorecieran la convivencia. Aparecen así el aparcamiento para bicicletas, la lavandería y los tendederos comunitarios. El resto de las galerías son espacios libres que permitirán usos alternativos en función de las necesidades cambiantes de la comunidad.

Un cuerpo alineado en continuidad con los edificios existentes, abierto hacia la calle y con viviendas pasantes, resuelve de manera sencilla gran parte del programa residencial. El resto se coloca al fondo del solar, con las viviendas colgadas como una mochila en las dos plantas más altas para disfrutar de más sol y ventilación. Bajo ellas, varias galerías abiertas donde se colocan los espacios vecinales. Ambas piezas se vinculan mediante unas pasarelas que configuran el perímetro del patio. La localización, en lugares muy precisos, de la escalera y el ascensor permite controlar la geometría irregular del solar.

Otra clave del proyecto fue el tratamiento de la fachada, enfocada como reinterpretación libre del balcón, característico y versátil elemento de los edificios de vivienda decimonónicos. Hacia la plaza los balcones se multiplican y aprietan unos contra otros hasta llenar el edificio, como paseantes en un concurrido día de mercado. Las fachadas principales, orientadas a sur, están compuestas por contraventanas de lamas y carpinterías de aluminio y vidrio doble con cámara. Estos dos diafragmas paralelos dejan un colchón entre viviendas y plaza, un espacio transformable espacial y climáticamente por cada vecino.

El hormigón visto de la estructura, el adoquinado en el suelo del patio, el áspero revoco del zócalo, las barandillas y pasamanos metálicos, las luminarias colgadas como globos de verbena, el tenue brillo de los azulejos de las galerías, los medallones de escayola bajo la cornisa a la calle… en su humildad y sencillez describen una aproximación elocuente a las sobrias virtudes de la vivienda social a la vez que aluden a cierta idea no mimética de reinterpretación de la tradición popular.

Memoria investigadora: 

Memoria de investigación

El proyecto explora fundamentalmente la idea de profundidad, que adquiere muy diferentes matices y sentidos.

Empezamos refiriéndonos, casi en términos fotográficos, a la profundidad de campo, desde una visión que puede enfocar simultáneamente aquello que normalmente se percibe como una realidad separada: espacio interior o espacio exterior. La ancha embocadura —generosamente dimensionada a tal efecto— que conecta la plaza con el patio central añade una dimensión extra al imaginario de la ciudad, al permitir el afloramiento a la superficie visual de los espacios interiores casi siempre ocultos. Como si se tratara de una operación psicoanalítica de hacer consciente aquello que está reprimido, se produce un desvelamiento de la verdadera fisiología de la ciudad.

Pero esta profundización no es sólo visual. Al hacerse accesible el patio también hay una ampliación del alcance del tejido urbano y de la experiencia física de sus recorridos, pues a la malla laberíntica de calles y plazas que se organiza como una red virtualmente infinita en sus conexiones se añade esta ramificación terminal de características espaciales bien diferentes al espacio urbano habitual: se abre como un brote que prolonga la dimensión transitiva y lineal de la ciudad. Un fondo de saco con luz cenital, los ruidos amortiguados de la calle y los murmullos del patio de vecindad, el paisaje doméstico, recóndito y casi secreto también aluden a los pasajes parisinos que Benjamin vinculaba simultáneamente a la memoria, al deambular y a la sorpresa.

Podríamos hablar asimismo de diferentes profundidades de uso, y con ello poner de manifiesto la plasticidad de la ciudad, incluso en el más tradicional y consolidado de sus barrios, El Rastro. Son posibles condiciones más ricas de utilización y expansión de los usos urbanos, tanto de carácter espacial como temporal. El patio, cerrado con una cancela los días de diario para preservar su carácter privativo, se abrirá los días de mercado y cambiará su naturaleza, que oscilará semanalmente entre el patio de vecinos y la extensión recoleta de un bazar quizá especializado dentro de la gran extensión de El Rastro.

Incluso en la propia configuración física del edificio es pertinente aplicar el término de profundidad. La fachada está compuesta por una membrana de lamas metálicas y a cierta distancia una ventana térmica (dos láminas de vidrio que encierran un vacío); entre ellas queda retenida una porción de atmósfera. Las cualidades de esta fachada compleja se deben precisamente a su espesor estratificado. Por un lado es una especie de diafragma continuo de naturaleza óptica, y por otro un colchón de control climático. Ambas propiedades son manipulables por el usuario, pues ofrece una oportunidad de transformación continua del aspecto exterior y del comportamiento térmico y visual de la fachada.

Por último, podríamos también hablar de profundidad de la memoria, pues se recrean espacios que la ciudad tradicional atesoraba y que corrían el riesgo de perderse. La corrala, el pasaje, el balcón, la contraventana, entendidos como una reinterpretación no mimética de elementos tradicionales de la ciudad, más versátiles y complejos que las alternativas modernas. Memoria y creación operan unidos como vectores de transformación.

Premios
Categoría del Premio: 
Premio recibido: 
Panel: 

22 viviendas sociales para jóvenes por Mónica Alberola, Luis Díaz‐Mauriño y Consuelo Martorell